Está Beethoven buscando su partitura del Kyrie de la Missa Solemnis... y que no la encuentra. Se tira toda la tarde buscando por la casa y nada. Con el genio que tenía, no te digo cómo tendría que estar de contento y la de barbaridades que soltaría.
Total, que ya se harta y se va a comer algo. Saca un trozo de queso de la cocina y descubre que el queso está envuelto en una de las partituras de la misa. Llama a la cocinera y la dice de todo, y la mujer contesta que ella pensaba que esas hojas con garabatos no servían para nada, y que también había envuelto la mantequilla con ellas....
Beethoven cenó otra vez mal esa noche, porque había despedido a otra cocinera más.
Fernando Argenta lo contaba mejor, descansa en paz.
jueves, 5 de diciembre de 2013
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